
Cuando Yoko entró a aquella parte de contaminación, sosteniendose de aquellos tubos mugrosos y malolientes, se desvaneci parte de mi orgullo y nació uno que prolongó mis pensamientos. Se paralizó mi aire y mis ganas de indiferencia.
Me puse de pie tan pronto como pude, la miré con respeto y cierta custodia. Ella junto los ojos y asentó con la cabeza. no conocí otro lenguaje corporal tan sensual, tan puro, tan inmaculado hasta aquel día. Era muy bella, su mirada japonesa me alegraba el día. me alegraba la vida. Eso era. Había algo extraña en ella, era preciso analizar. Nadie podía notarlo. Yo si. Eran tal vez sus ojos, su piel, o aquella fragancia que rondaba todo el autobus. No. No era nada de eso. eran sus mejillas delicadas y el calor que las contaminaba. Sus rojos labios y la gente que los miraba.
Yo podía sentir la radiación de su respiración, los verbos que pensaba, las canciones que le gustaban. Yo podia sentir que sus cabellos querían una caricia y que sus labios deseaban mis besos. Podìa repetir una y otra vez uno de sus pensamientos y recordar lo que haría mañana. Si. Podía ver su futuro. Quería decirle al mundo lo que viví con ella.
Podía ver como sus cabellos tocaban su rostro cuando el micro frenaba intempestivamente. Agobiada por el calor y los olores estraños de aquel cerrado de lunas.

Su edad era incalculable, no me importaba. pero alli estaba ella, delante de mi. en el asiento que yo le ofrecí. con toda la ciudad que la absorbia y a mi con ella. Era una especie rara. un ser viviente en el mar muerto. un helado en el desierto. La última reyna del planeta y yo su caballero. en la tierra, en el cielo. Los 7 siervos, Los 7 sellos.
No podía dejar que la toquen ni que se la acerquen, no podia dejar que la vean. Así ella se recordaría de mí, asi ella se sentiria aliviada y dejaría que le tome de la mano y que la lleve hasta su casa. Apagaria las luces de la ciudad, nublaría el cielo y ella sería mi única vida.
Podría darle un paseo por el mar, flores en el atardecer, los besos que jamás se pudieron dar, varios paseos por la playa y los versos de mi más alta inspiración. Podría contarle aquellos secretos de mis cabellos y los pequeños 23 cuentos que me inventé en una noche. le confesaría mis pecados y las muchas buenas acciones, y quizá ella sienta algo de lo mío, talvez se ría cubriendose la boca y me diga mentiroso. quizá se moleste y me quite la mirada. Quizá no me entienda o tal vez se levante y camine hacia la puerta y se aleje de mi como entro. O me tome de la mano y me diga que yo la ayude, y que aquel cansancio al momento de entrar al micro se lo alivie. Que la curé.
Talvez me de un beso. quizá me invite a comer. Talvez comente a sus familiares y amigas que aquel chico la ayudo en el micro, que le pagó el pasaje y más. Quizá me presente ante todos como su amigo, luego como su enamorado y asi sucesivamente.

Talvez no me presente a nadie y ni llegue a ser su enamorado y ni la bese y ni pueda tocar su piel. Quizá me diga cosas lindas y me cuente sus secretos y me de las gracias y se apoye en mi hombro, Talvez lloré. y yo con ella. Talvez me recuerde, como talvez yo la recuerdo, talvez simplemente solo me recuerde, tal vez, o tal vez no.
Diana Abril...